Leyendas
OLMEDO
Tierra de caballeros, historia y leyenda
La villa de Olmedo, conocida históricamente como la de las «Siete Siete» por poseer en su época de esplendor siete iglesias, siete conventos, siete plazas, siete caños de fuente, siete entradas por sus murallas y siete pueblos de su alfoz, es también un territorio abonado para el misterio. Sus calles empedradas, los restos de su imponente muralla mudéjar y la penumbra de sus criptas han sido el escenario perfecto para que, generación tras generación, la realidad y la ficción se difuminen en relatos sobre milagros, combates singulares y apariciones celestiales.
Estas historias no solo forman parte del folclore local, sino que reflejan el carácter fronterizo, noble y profundamente espiritual de la villa vallisoletana a lo largo de los siglos.
- La soterraña
- El pino
- Canal
- Cruces en el camarín
- Escudo de la virgen
Leyenda de la soterraña
La Aparición al Rey Alfonso VI y el Nacimiento de la Soterraña
Aquella noche, cansado por la estrategia de guerra, el monarca cayó en un profundo sueño. En medio de la penumbra, se le apareció una figura celestial: una virgen radiante que, con voz firme pero reconfortante, le anunció que no debía temer, pues la batalla del día siguiente le iba a ser favorable y las cadenas mudéjares de la villa finalmente se romperían.
Al amanecer, bendecido por aquella visión profética, el rey Alfonso VI lideró a sus soldados con un ímpetu renovado. La profecía se cumplió al pie de la letra: tras un feroz combate, las tropas cristianas lograron una victoria aplastante y Olmedo pasó a manos de la Corona de Castilla.
Agradecido por el milagro, el rey no quiso marcharse de la villa sin rendir honores a la figura que le había prometido el triunfo. Convencido de que la visión correspondía a una talla real escondida en algún lugar del municipio, mandó a sus hombres buscar la imagen de la Virgen sin descanso por cada rincón, casa y templo.
Tras una intensa búsqueda, la persistencia real dio sus frutos. Los soldados hallaron la sagrada escultura oculta en el interior de un profundo pozo, donde había permanecido soterrada o enterrada para protegerla de los avatares del tiempo y las guerras. Fue en ese preciso instante, al rescatarla de las profundidades de la tierra, cuando el monarca y el pueblo de Olmedo la bautizaron para la eternidad como la Virgen de la Soterraña, convirtiéndose desde entonces en la protectora indiscutible de la villa.
la leyenda del pino
El refugio de los trece
El mar de pinares que rodea Olmedo ha sido desde siempre escenario de duros trabajos y, en ocasiones, de la implacable fuerza de la naturaleza. Cuenta la leyenda que, en un día que comenzó como cualquier otro, el cielo sobre el pinar se tornó repentinamente negro, desatando una de las tormentas más feroces y destructivas que se recuerdan en la comarca.
En medio de aquel infierno de relámpagos, viento y lluvia, un grupo de trece hombres que se encontraba en el monte se vio atrapado sin posibilidad de regresar a la villa. Desesperados y buscando una protección desesperada, corrieron a cobijarse bajo la copa de un pino especialmente frondoso.
La tormenta descargó con una violencia inaudita. Los rayos comenzaron a impactar contra el bosque, provocando incendios que devoraban la madera y arrasando de forma implacable con todo el pinar circundante. El fuego y la destrucción rodeaban a los trabajadores, quienes, creyendo que su fin era inevitable, se encomendaron con fervor a la patrona de la villa.
Cuando la tormenta finalmente amainó, el panorama era desolador: hectáreas de pinar habían quedado completamente calcinadas y reducidas a cenizas. Sin embargo, en medio de aquel desierto negro, ocurrió lo imposible. El frondoso pino que había servido de refugio a los trece hombres permanecía intacto, verde y sin una sola quemadura, habiendo salvado la vida de todos ellos de manera inexplicable.
Al regresar sanos y salvos a Olmedo, el milagro corrió de boca en boca. Los vecinos y los propios supervivientes tuvieron claro que una fuerza divina había desviado los rayos y frenado el fuego; la Virgen de la Soterraña les había protegido en el último momento. Desde entonces, este suceso quedó grabado en la memoria colectiva de la villa como la prueba de que la Virgen no solo custodiaba sus muros, sino también a los hombres que faenaban en sus campos.
La leyenda del canal
El amor que desvió un río
En las tierras de la meseta castellana, donde el agua siempre ha sido el bien más preciado, nació una de las historias de amor y tenacidad más asombrosas de la comarca. Cuenta la leyenda que un noble caballero de Olmedo, llamado Don Juan de Maldonado, cayó profundamente enamorado de una distinguida dama viuda que residía en la vecina Medina del Campo.
Don Juan la cortejó con insistencia, declarándole su amor y pidiendo su mano en matrimonio. Sin embargo, la dama, tal vez para poner a prueba la firmeza de sus sentimientos o creyendo que le imponía un desafío imposible de cumplir, le rechazó con una elegante excusa. Le juró que no accedería a casarse con él hasta que las mismísimas aguas del río Adaja pasasen por las puertas de su propio palacio en Medina.
Cualquier otro hombre se habrá rendido ante tal negativa, pero el caballero de Olmedo se tomó la promesa al pie de la letra. Movido por una pasión inquebrantable, Don Juan reunió recursos, ingenieros y obreros, y en una obra de ingeniería colosal para la época, logró construir en menos de un año un canal artificial que trasvasaba las aguas del río Adaja hacia el cauce del río Zapardiel, llevando el agua directamente hasta los pies de su amada.
El trasfondo histórico real
Detrás de este romántico relato popular se esconde una impresionante obra civil que aún hoy sorprende. Este trasvase entre los dos ríos existió y fue construido realmente en la época de los Reyes Católicos. El objetivo original de la obra no fue conquistar el corazón de ninguna dama, sino una necesidad mucho más pragmática: abastecer de agua a Medina del Campo y garantizar el éxito de sus famosas ferias generales en las épocas de gran sequía.
Sin embargo, para los habitantes de la zona, siempre resultó mucho más hermoso pensar que aquel cauce de agua fue excavado por la fuerza del amor de un caballero de Olmedo.
las cruces del Camarín
El secreto de las jóvenes enamoradas
Las Cruces del Camarín: El Secreto de las Jóvenes Enamoradas
El camarín de la Virgen de la Soterraña no solo es un lugar de oración y recogimiento, sino también el rincón donde han quedado grabados los deseos más íntimos del corazón de la villa. Cuenta la tradición que, durante generaciones, el templo albergó un ritual secreto practicado por las jóvenes de Olmedo que buscaban el amor.
La leyenda dice que cuando una joven en edad casadera bebía los vientos por un muchacho y anhelaba ser correspondida, acudía cada día en absoluto secreto a la penumbra del camarín. Allí, de rodillas ante la patrona, le suplicaba que intercediera para que el joven se enamorara de ella. Para sellar su promesa y constancia, la muchacha raspaba el muro con una piedra o un alfiler, dibujando una pequeña cruz siempre en el mismo sitio exacto, día tras día, hasta que el milagro de amor finalmente se cumplía.
Como muestra de agradecimiento por el favor concedido, las jóvenes ofrecían un voto sagrado a la Virgen de la Soterraña: si lograban conquistar el corazón del muchacho, celebrarían su matrimonio allí mismo, en la íntima capilla de la patrona.
Es por este motivo que, si uno observa con atención los antiguos ladrillos del camarín, aún se pueden ver decenas de pequeñas cruces labradas y desgastadas en el barro cocido. No son meras marcas en la pared; son el testimonio silencioso y eterno de los suspiros, las esperanzas y los romances de las mujeres de Olmedo que, gracias a la Virgen, lograron unirse a sus amados.
leyenda del escudo de la virgen de la soterraña
Según Luis Curiel
Llama la atención que el escudo de la Virgen de la Soterraña esté formado por trece roeles de oro y un puerco espín, con una inscripción-mote añadida «PER TE VIRGO, SIM DEFENSUS».
A saber:
La familia Velázquez es oriunda de Olmedo y está enlazada con los linajes nobles de Olmedo. El apellido «Del Puerco» se debe a que un Velázquez, Don Pedro, mató en campos de Cuellar a un puercoespín que «hacía riza en los pequeños rebaños y pasajeros…».
Otro señor, Velázquez del Puerco, llegó a ser Canciller Mayor en el Virreinato de Sicilia al servicio del Rey don Fernando.
La leyenda nos cuenta que este señor tenía una preciosa hija, Lucrecia, «encanto del casurón de San Andrés» y pidió a la Virgen el favor de que su hija olvidase la «pasión» de haberse enamorado de un «malandrín que se daba el arte de caballero y sabía calzar la espuela y esgrimir la espada. Erase el tal un tanto poeta sobre ser muy alto mancebo, rondador de mozas y pendenciero de oficio, hasta el extremo de hacerla enfermar».
Parece ser que al volver el padre de Sicilia, la Virgen le concedió milagrosamente la curación de su hija.
El señor Velázquez del Puerco, aconsejado por Fray Lope, hizo entrega de su escudo de armas a la Virgen, en la Capilla-cripta de la Soterraña en un solemne acto de agradecimiento. Fray Lope, su consejero y amigo, añadió la inscripción en su pie que dice «PER TE VIRGO, SIM DEFENSUS» (sea por Ti, Virgen, defendido).
Surgieron por aquellos tiempos unas letrillas que decían:
«La casa de los Velázquez
Por culpa de un malandrín
Echó a rodar sus roeles
Y mató su puerco espín.Y otras como desagravio:
Las armas de los Velázquez
Están hoy muy bien guardadas;
Que las ha puesto en su pecho
La Divina Soterraña.»


